Por: Ángela Sabina Contreras Vargas 5º año,
Alumna del Centro Educativo Tenochtitlán


Quijote de la Mancha quería pasar unas buenas vacaciones en la playa de Acapulco pero no pensaba que iba a pasar aventuras. Quijote de la Mancha caminaba por la playa y se le antojó un coco. A lo lejos vio una palmera, se fue acercando poco a poco. Cuando llegó a la palmera trató de tomar un coco pero la palmera se movió y le dijo: "Por favor, no me arranques un coco".

Don Quijote dijo "tengo mucha sed, regálame un coco" Mientras se lo trataba de arrancar, la palmera se enojó y empezó a crecer y cambió de color de verde a morado; le salieron ojos y boca. La palmera se empezó a mover con tal fuerza que creó un remolino con el cual Don Quijote salió volando y supo que tenía que luchar con ese monstruo que llamo Palmerius.

El único objeto que le servía en ese momento como arma era una toalla, Don Quijote le lanzó la toalla a Palmerius, pero sus palmas se convirtieron en aspas y rompió la toalla en mil pedazos. Don Quijote se quitó una chancla y lo agarró a chanclazos, pero lo único que lograba era hacerla reír. Después de un rato Palmerius muy cansado de tanto reir le pidió a Don Quijote que no le hiciera más cosquillas y le regalaría todos los cocos que quisiera. Don Quijote aceptó y fueron amigos.

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