TUVE QUE APRENDER…
Por Rodrigo Meraz Alfaro, 2º año
Ilustraciónes: Lucero Hidalgo, 4º año, Alumnos del Instituto Jan Amós

¡Hola! ¿Te gusta andar en bici?
A mi me encanta, y en mi cumpleaños mi papá me regaló una bici de 12 velocidades… ¡Imagínate lo contento que me puse! Es la primera bicicleta que tengo de grande. Cumplí 8 años y sentía que la podía manejar fácilmente, así que mi papá me dijo que la estrenaríamos el domingo, y cuando llegó el domingo y fuimos a CU, la verdad no me costó trabajo manejarla, pero de pronto, como iba muy veloz y de bajada, abrí las piernas y… ¡¡CAÍ!!

Ya te imaginarás como quedé, me raspé la rodilla, la cara, uno de mis ojos quedó todo morado, cerca de la oreja tenía tres chipotes, uno en la cabeza y dos en la cara; también me torcí la mano izquierda y un hombro. Y ¿Qué creen? Cuando llegué a mi escuela no quería decirles a mis amigos que me había caído de la bicicleta, y les inventé que me habían atacado ¡5 niños!, pero después tuve que decirles la verdad porque mi papá me dijo que ya les dijera la verdad.

Bueno, pero lo importante fue que aprendí a que debo de ponerme casco y rodilleras para protegerme así que tú no lo olvides.


 

MI BICICLETA Y YO
Por Ana Laura Gómez, 6º
Alumna de la Escuela Porfirio Parra

Papá y mamá no querían comprarme una bici. Siempre me decían que las bicicletas no eran cosa de niñas, que era muy peligroso y me podría hacer daño, pero yo me ponía a hacer mi berrinche, me ponía a llorar, a gritar o a decir que bajaría mis calificaciones, y por último, papá y mamá me dijeron que tendría mi bicicleta si mejoraba mis calificaciones en educación física. Por eso estaba yo practicando mucho para tener diez en mi boleta. Al final tuve ¡¡MI GRANDIOSO DIEZ!! Cuando mis papás lo supieron, me prometieron una bicicleta morada.

Al día siguiente mi mamá me dijo que la acompañara a la cochera y al abrir la cortina… ¡¡VÍ UNA MARAVILLOSA BICICLETA MORADA!!

La primera vez que salí a estrenarla, me acompañó mi papá, me encontré a mi vecina y me dijo que qué bonita bicicleta tenía, en eso salió mi mamá y nos dijo que había hecho galletas para celebrar lo de mi bicicleta y a mí se me ocurrió proponerle a mi vecina una competencia de que quién llegara primero a mi casa, le tocarían más galletas, mi vecina aceptó. Mi papá se ofreció a ser cronometrador, sólo que había un problema, yo no sabía andar en bicicleta, así que mi papá se ofreció a enseñarme, con unos cuantos golpes aprendí y por fin se pudo llevar a cabo la competencia.
Cuando mi papá grió: ¡TIEMPO!, las dos salimos corriendo, íbamos tan rápido, que antes de llegar a mi casa, no vi unos botes de basura y… ¡que me voy sobre ellos! ¡Caí adentro! Salí con el pantalón roto y toda sucia.

Como se han de imaginar, mi vecina ganó, yo llegué con mis papás, con los manubrios al revés, las ruedas torcidas y el faro destrozado. Nos metimos a mi casa y en lo que yo me bañaba, mi vecina estaba con mis papás, comiendo galletas y tomando té.