Por Michael Krieg, 6º B
Corresponsal /Cienpiés, Alumno del Colegio Winston Churchill

Dedico esta historia a todas las madres como Calisto, que nunca desaparecen del cielo de sus hijos.

Había una vez una joven doncella llamada Calisto, que en una ocasión enamoró al gran dios Zeus, el dios de los cielos. Cuando más tarde, la celosa Hera, hermosa esposa de Zeus, se enteró, bajó del monte Olimpo para buscar y castigar a Calisto, quien ya era madre de un pequeño, llamado Arcas. Cuando la encontró. Hera, conocida por sus ataques de celos entre los mortales, le dijo: -Nunca te lo perdonaré Calisto, -y mientras Calisto escondía a su bebé, decía: -¡no me hagas nada! -Con gran furia Hera contestó: -Así que tu belleza cautivó a mi esposo, pues bien, veamos qué tanto le gustarás así; y a Calisto le creció el pelo negro como la noche en todo el cuerpo. Cuando estaba cubierta de pelo, se transformó en una hermosa y adorable osa. Con todo el amor que sentía por su hijo se acercó a él, pero el pequeño empezó a gritar, y las hermosas ninfas que lo escucharon se lo llevaron a una casa de padres adoptivos.

Calisto, teniendo el amor de una madre hacia el pequeño, procuraba siempre estar cerca de él, pero un día llegaron muchos cazadores a la casa adoptiva del pequeño Arcas y Calisto tuvo que huir de allí y se refugió lejos de su hijo, en lo mas profundo de la floresta. Muchos años después, durante una noche de invierno, Calisto soñó con Arcas. Entonces, cuanto llegó la primavera, decidió regresar a donde una vez vivía. Una tarde, a la hora de la puesta del sol, mientras recorría su familiar bosque, la osa recordaba el pasado y llegó cerca de un cazador que apuntaba a una ave lejana. Calisto lo miraba cuando disparó el arco y se sintió feliz cuando la flecha falló, ya que, siendo un animal, no quería que ninguna criatura fuera víctima de un cazador. Pero cuando el cazador dio la vuelta, Calisto lo reconoció, era Arcas, que ahora apuntaba a su madre con su arco, y estando muy cerca el uno del otro, esto hacía imposible que Arcas fallara. Calisto sintió gran alegría al verlo, pero estaba decepcionada de saber que era un cazador.

Esto pasaba, mientras Zeus, el padre de Arcas, miraba todo desde el monte Olimpo, monte sagrado de los dioses. Cuando Arcas disparó, Zeus bajó corriendo como un rayo del Olimpo, agarró a Calisto antes de que cayera muerta y la subió al cielo nocturno. Después tomó a Arcas y también lo subió. Estando en el cielo, Arcas se transformó en un oso y los dos osos se convirtieron en estrellas, formando las constelaciones de la osa mayor, quien es la madre Calisto, y la osa menor, que es el hijo Arcas. Vivieron siempre juntos en el cielo. Pero cuando la celosa Hera se enteró de esto, le ordenó a Tritón, el dios del mar, que no les permitiera descansar en el mar como todas las demás constelaciones.

Por eso estas dos constelaciones son las únicas que nunca dejamos de ver, sin importar la época del año.

Quiero decirles que le pedí a mi hermana Steffi, de 15 años, que por esta vez, ilustrara mi sección, Gracias.

 
regresar