Por Daniela Camacho, 6º A, Ilustraciones: Norma Edith García y Ricardo Moreira
Alumnos de la Escuela Dr. Porfirio Parra



Había una vez, en medio del bosque, una familia de lobos: mamá loba, papá lobo y tres lobitos pequeños.

Un día de invierno, que papá lobo estaba enfermo, mamá loba salió a buscar comida y unos cazadores rondaban por ahí.
-Oye ¿Tú crees que podamos cazar algo hoy? -dijo uno de los cazadores
-¡Claro que no!, casi todos los animales están invernando.
Mientras tanto, mamá loba olió a carne fresca y corrió hasta donde estaban los cazadores. Inesperadamente, uno de ellos soltó el arma y le dijo con miedo:

-¡Calma, pequeña, no te haré daño, tengo algo para ti! -y sacó de su mochila unos filetes de pescado y de res, -la loba los tomó y se echó a correr.

-¡¡Por qué hiciste eso, idiota!! ¡Era nuestra presa! -le gritó el otro.
-¿Qué no vez que era una loba que buscaba alimento para sus crías? -Dijo el primer cazador despacio y dulcemente, -ya no quiero cazar animales, perdóname amigo, ya no sirvo para esto… ¿acaso no viste su mirada triste y llena de pánico a la vez?

Desde ese día, el primer cazador se dedicó incansablemente a buscar a la loba, durante días y noches caminó por el espeso bosque, y una tarde lluviosa, en una cueva muy obscura, encontró a la familia de lobos y se dio cuenta de que papá lobo se encontraba malherido. El cazador se acercó poco a poco y los tres lobitos y mamá loba empezaron a gruñir, dispuestos a atacar.

-Calmen, chiquitos, solo vengo a ayudarles -dijo el cazador con voz dulce y cariñosa, y de su mochila sacó pedazos de carne seca y se los dio.
Los lobitos y su mamá se acercaron a devorárselos, mientras el cazador curaba a papá lobo.

Durante varios días, el cazador cuidó a la familia de lobos. Los lobos y el cazador se encariñaron mucho y el cazador decidió dedicarse a cuidar a todas las especies que están en peligro de desaparecer de la Tierra.